jueves, 18 de octubre de 2012

El día que me metí una hormiga en un ojo.

Pongámonos en situación: un tupper. Un tupper mal cerrado; lo suficiente para atraer hormigas a mansalva, pero no tanto como para perder la comida por el camino o comer hormigas. ¿Solución? soplar, como el lobo de los tres cerditos. ¿Problema? una vez retiradas las hormigas de la superficie del tupper, procedo a retirar la tapa y comprobar que aún puedo comer, hecho lo cual me dispongo a soplar la tapa donde aún quedan algunas hormigas. La el tupper es redondo y tapa es abombada, de tal manera que parece un escudo. La forma cóncava de la tapa hace que si soplas por una parte, el aire vuelva vengativamente hacia el aireador, portando todo aquello que arrastra a su paso. Comprobar como unas patitas se mueven por tu ojo y darte cuenta de que te has soplado una hormiga a ti mismo no tiene precio. Intentar quitártela sin dejar un bicho escachado tropezando y raspando tu córnea como si de un molesto párpado se trataba tampoco.

4 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Menudo problema

La Gaveta de Mi Mundo dijo...

Podrías haber pedido a alguien que te soplara la hormiga del ojo... como en aquella canción; "una niña barriendo la era...una paja en el ojo le entró..." :P

Mr Blogger dijo...

Estaba solo y en la oficina. Podía haber bajado a la calle y decírselo a la primera persona que se me cruzara en mi camino...

...lo que me recuerda una vez que se me metió algo en el ojo (de esto que parece que se te clava porque luego se queda ahí molestando esa sensación de que aún está en el ojo lo que sea aunque no tengas nada) y le pedí ayuda a una persona y me miró como si le fuese a echar una maldición o algo y pasó de ayudarme y yo ahí cagándome en to porque me fastidiaba un montón y no sabía si ya me lo había quitado.

Sex Shop dijo...

Muy buenooooo!!!!!!!

 
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